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EL TANGO ACECHA COMO UN TIGRE
El tango acecha como un tigre en la maleza musical, un tigre que alarga su mirada hacia la presa, que olfatea en el aire imprevisto el revuelo de las notas, el bullicio de los pies en una jungla de notas que resbalan y arrastra pesadamente el hocico del instinto para lanzarse de improviso y clavar una dentellada de celos en el alma.
A ritmo de pasión estalla el cuello del dolor como una llaga de notas sincopadas.
Hay hendiduras de abismos silenciosos de angustia en las manos, de brazos que reclaman ser amados, de miradas que acechan la venganza, de palabras que imploran, gimen, claman.
Hay una voz que se oye como una bocanada de sangre hirviente de venganza, sobre el sonido de un deseo, sobre el latigazo de un sollozo.
La música del tango está ahí como un tigre agazapado en plena jungla musical, en la maleza de una lágrima.
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